4 de enero de 2015

Carta a un Viejo Amigo


Será mi imaginación traicionera, entonces, la que nubla mi mente y no me permite pensar. Será entonces mi corazón el que me envía impulsos equivocados. Será mi mente la que me juega malas pasadas, la que hace que confunda sueño con realidad; o mis ojos, los que hacen que no pueda distinguir el día de la noche, la luz de la oscuridad.
Será que me he vuelto loca, y por esa razón ya no soy de fiar. 
Mas tranquilo, no te lo reprocho; todo lo contrario, te comprendo, comprendo tus razones, veo cuales han sido tus motivos. Yo habría hecho lo mismo.
Así que no temas, viejo amigo, tienes mi perdón y mi misericordia, y por consiguiente, la redención.


La Dama.
(SunShine.)

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